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"Soy reconocida y a la vez no. Las editoriales me publican pero me esconden."

¿Cuál fue el primer viaje? ¿A dónde fue?

A Veracruz, con mi padre. Tenía trece años. Fue la primera vez que vi el mar…

(…)

Pasolini escribió que en la India la vida tiene los caracteres de la insoportabilidad. 

A la India la soportaba, la odiaba y la adoraba, si no, no hubiera vuelto. Es un país que no te permite estar en el horror perpetuo, aunque el horror es muy vigente e inmediato, a veces no te deja respirar, pero siempre hay algo que lo mitiga. Siempre hay algo que es bello, la gente, el ropaje, los monumentos, ciertas costumbres son preciosas y otras son abominables. Siempre estás al filo de la navaja. La India es un país horrendo y maravilloso. México es un país con una pobreza extrema, hay limosneros por todos lados, pero la habitual forma de vida de los indios, lo hace más impactante. Es un país donde la intemperie es fundamental. La gente vive en la calle, en las carreteras.

¿Desde dónde mira cuando viaja?

Soy muy mexicana, y judía.

¿Entonces viaja por el mundo con esa mirada tan especial?

Así es. Una mirada mexicana, pero atravesada por lo judío, una mirada que tiene que ver con Europa en todo nivel, el color de piel, la comida, mi padre nunca comió chile, una comida y una lengua mediatizada. Mi relación con México es tardía, porque empecé a estudiar literatura inglesa. A la mexicana la estudié mucho después. A Rulfo, a Rosario Castellanos los leí en París, a la par que a Stendhal.

(…)

¿Estas referencias para quiénes son? ¿Para la escritora, para los lectores?

Escribo para los otros. Cuando vuelvo de los viajes, necesito ordenar mis diarios de alguna manera comprensible. Empiezo a construir a partir de una frase, y llego a lugares que no me imaginaba que podía llegar. Empiezo a asociar, y llego a otro lado. Escribo para mis lectores en el periódico, pero también para mis lectores en libros, pero sobre todo lo hago para aclararme a mí misma. Decía Monsiváis que nunca se piensa mejor que cuando se escribe.

¿Cómo es la escritura durante el viaje?

Cuando viajo tomo notas en pequeñas libretas. Llego a un lugar y escribo. No llevo cámaras, a diferencia de otros que llegan y antes de ver, ya están fotografiando.

(…)

¿Tiene el fetiche de las libretas de viajero?

No, sólo me importa que sean pequeñas y quepan en la bolsa. A veces llevo las japonesas Muji, pero a China llevé varias libretas de colores muy brillantes que compré en el Guggenheim de Bilbao. La gente me mira raro, porque no llevo cámara.

(…)

¿Escribía diarios personales?

Sí, y ahí los tengo, pero me da mucha flojera leerlos. Mi letra es ilegible. Cuando intento pasarlos, los dejo a los cinco minutos.

(…)

¿Cómo ha sido su relación con Argentina?

Tengo una hija argentina. Me casé con un argentino, un matrimonio desastroso, como todos los matrimonios. Pero siempre tuve el virus de lo argentino. Mi relación con el país empezó con las revistas y los libros que llegaban. Luego me hice amigos de aquí y Francia, entre críticos, académicos, escritores, periodistas, exiliados en México. Después me hice amiga de Manuel Puig y cuando leía Boquitas pintadas me acordaba mucho de la Para Ti. Conocí a María Elena Walsh en París; a Piazzolla, Paco Urondo, Rodolfo Walsh en Buenos Aires… Hoy tengo muchísimos amigos argentinos. Pero nunca entendí a la Argentina. ¿Qué le pasa? Yo tenía una amiga que era antiperonista, ahora es peronista. No entiendo.

Hablamos de los viajes, de la familia, y ¿dónde han quedado sus especialidades académicas como Sor Juana o la Malinche?

Yo digo que he sido la gigoló de Sor Juana, porque he vivido mucho de ella. Pero ya está, son etapas que voy dejando atrás, como el tema de la Malinche. De ella me interesaba el tema del cuerpo, su sexualidad, su lengua, porque es la intérprete de los indios y los españoles, la cuestión de la sinécdoque, que es tan importante…

Obsesiones académicas…
Me interesa mucho el cuerpo, los ojos, los senos, los pies. Llevo tiempo escribiendo un libro sobre los dientes, y ahora voy a tener que escribir sobre la nariz, mi nariz rota y sangrante. Y el pelo, escribí como dos años sobre el pelo, hasta que el director del periódico me dijo basta de pelos, y publiqué De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos , un buen libro que no se consigue.

Estos temas parecen más frecuentados hoy en día por varios escritores.

Ahora todos escriben de pelos, pero yo fui la primera. Mi amiga Matilde Sánchez está escribiendo sobre peluquerías; otro amigo, Alan Pauls, escribió sobre eso también…

(…)

…cuando navega en Internet se debe perder por completo…

No navego mucho en Internet. Soy twittera y me divierte porque puedes hacer epigramas y aforismos. Tengo 7 mil seguidores, pero otros tienen más. Soy muy envidiosa, quiero más.

¿Guarda los twitts que escribe? ¿Son como un diario?

Los voy guardando en un archivo que se llama “Moscas”, y vamos a ver con el tiempo qué sale. Cuando estaba en Londres de agregada cultural, quería hacer una telexnovela, porque en aquella época no había más que telex, y como me aburría mucho, enviaba oficios burocráticos imitando a Onetti, a Borges y a Cortázar. Tenía correspondencia con un diplomático irlandés y nos escribíamos en ese pastiche. Muy divertido.

¿Twitter le ha creado nuevas relaciones con los lectores?

Sí, pero algunas idiotísimas, que toman al pie de la letra todo lo que escribo. No entienden nada la ironía.

Siempre se la ve rodeada de jóvenes.

Me siento más cómoda con la gente joven.

¿Cómo es su relación con amigos como Sergio Pitol o Mario Bellatin?

Mi relación con Pitol es muy importante, de las más importantes que tengo, pero ahora no podemos hablar mucho porque él está un poco enfermo. Y Mario es como un relevo en algunas cosas. Con él tenemos una relación muy importante, tanto en lo afectivo como en lo literario. Nos comunicamos muchísimo por lo que hacemos, por lo que escribimos y por lo que leemos. Viajamos juntos, salimos mucho.

Una vez fueron juntos a ver a Marilyn Manson…

El me llevó pensando que yo no sabía quién era, pero sí que sabía… Tenemos un humor parecido, bastante negro, y nos tenemos un afecto enorme. A lo mejor me ve como madre o hermana putativa, yo qué sé, y yo lo quiero como amigo, como hermano… pero como hijo, no. Aunque me preocupa que se enferme, lo cuido, lo regaño…

(…)

¿Se siente reconocida?

A veces me siento más reconocida en la Argentina que en México. Pero aquí me han dado el Premio Rulfo, uno de los más importantes. También han publicado mi Obra Reunida. Soy reconocida y a la vez no. Las editoriales me publican pero me esconden.


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