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Tim Burton - La melancólica muerte del chico Ostra

El chico robot


Eran gente común los señores Bastida.
Un feliz matrimonio de reposada vida.
Una tarde les dieron una noticia espléndida
que dio al señor Bastida una alegría obstétrica:
ella sería mamá... ¡Y él iba a ser papá!

Pero algo raro había. Algo andaba muy mal.
No era humano el bebé que una tarde nació.
No era un bebé-bebé, que era un bebé-robot.
No estaba —ni de lejos— como para comérselo.

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Para las seis cuerdas - Jorge Luis Borges

PRÓLOGO


TODA lectura implica una colaboración y casi una complicidad. En el Fausto, debemos admitir que un gaucho pueda seguir el argumento de una ópera cantada en un idioma que no conoce; en el Martín Fierro, un vaivén de bravatas y de quejumbres, justificadas por el propósito político de la obra, pero del todo ajenas a la índole sufrida de los paisanos y a los precavidos modales del payador.
En el modesto caso de mis milongas, el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea, en el umbral de su zaguán o en un almacén, acompañándose con la guitarra. La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes.
He querido eludir la sensiblería del inconsolable "tango-canción" y el manejo sistemático del lunfardo, que infunde un aire artificioso a las sencillas coplas.
Que yo sepa, ninguna otra aclaración requieren estos versos.

J. L. B.
Buenos Aires, junio de 1965.
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Elogio de la sombra - Jorge Luis Borges

PRÓLOGO 


SIN proponérmelo al principio, he consagrado mi ya larga vida a las letras, a la cátedra, al ocio, a las tranquilas aventuras del diálogo, a la filología, que ignoro, al misterioso hábito de Buenos Aires y a las perplejidades que no sin alguna soberbia se llaman metafísica. Tampoco le ha faltado a mi vida la amistad de unos pocos, que es lo que importa. Creo no tener un solo enemigo o, si los hubo, nunca me lo hicieron saber. La verdad es que nadie puede herirnos salvo la gente que queremos. Ahora, a los setenta años de mi edad (la frase es de Whitman), doy a la prensa este quinto libro de versos.
Carlos Frías me ha sugerido que aproveche su prólogo para una declaración de mi estética. Mi pobreza, mi voluntad, se oponen a ese consejo. No soy poseedor de una estética. El tiempo me ha enseñado algunas astucias: eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias; eludir hispanismos, argentinismos, arcaísmos y neologismos; preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas; intercalar en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector; simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es; narrar los hechos (esto lo aprendí en Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo; recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo Se encargará de- abolirías. Tales astucias o hábitos no configuran ciertamente una estética. Por lo demás, descreo de las estéticas. En general no pasan de ser abstracciones inútiles; varían para cada escritor y aun para cada texto y no pueden ser otra cosa que estímulos o instrumentos ocasionales. .
Éste, escribí, es mi quinto libro de versos. Es razonable presumir que no será mejor o peor que los otros. A los espejos, laberintos y espadas que ya prevé mi resignado lector se han agregado 'dos temas nuevos: la vejez y la ética. Ésta, según se sabe, nunca dejó de preocupar a cierto amigo muy querido que la literatura me ha dado, a Robert Louis Stevenson. Una de las virtudes por las cuales prefiero las naciones protestantes a las de tradición católica es su cuidado de la ética. Milton quería educar a los niños de su academia en el conocimiento de la física, de las mar temáticas, de la astronomía y de las ciencias naturales; el doctor Johnson observaría al promediar el siglo XVIII: "La prudencia y la justicia son preeminencias y virtudes que corresponden a todas las épocas y a todos los lugares; somos perpetuamente moralistas y sólo a veces geómetras".
En estas páginas conviven, creo que sin discordia, las formas de la prosa y del verso. Podría invocar antecedentes ilustres —el De Consolatione de Boecio, los cuentos de Chaucer, el Libro de las Mil y Una Noches—; prefiero declarar que esas divergencias me parecen accidentales y que desearía que este libro fuera leído como un libro de versos. Un volumen, en sí, no es un hecho estético, es un objeto físico entre otros; el hecho estético sólo puede ocurrir cuando lo escriben o lo leen. Es común afirmar que el verso libre no es otra cosa que un simulacro tipográfico; pienso que en esa afirmación acecha un error. Más allá de su ritmo, la forma tipográfica del versículo sirve para anunciar al lector que la emoción poética, no la información o el razonamiento, es lo que está esperándolo. Yo anhelé alguna vez la vasta respiración de los psalmos1 o de Walt Whitman; al cabo de los años compruebo, no sin melancolía, que me he limitado a alternar algunos metros clásicos: el alejandrino, el endecasílabo, el heptasílabo.
En alguna milonga he intentado imitar, respetuosamente, el florido coraje de Ascasubi y de las coplas de los barrios.
La poesía no es menos misteriosa que los otros elementos del orbe. Tal o cual verso afortunado no puede envanecernos, porque es don del Azar o del Espíritu; sólo los errores son nuestros. Espero que el lector descubra en mis páginas algo que pueda merecer su memoria; en este mundo la belleza es común.

J. L. B.

Buenos Aires, 24 de junio de 1969.
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Bertolt Brecht - Poemas y canciones

Nota sobre la versión

La presente versión de estos poemas y canciones de Bertolt Brecht es, en realidad, el resultado de una labor colectiva.
Tres fases pueden distinguirse en ella: la primera, realizada por Vicente Romano, fue la traducción literal, con variantes; sobre ella trabajamos Romano y yo para buscar interpretaciones y equivalencias castellanas a pasajes oscuros y expresiones especiales.
Vino entonces la segunda fase: la versión poética. Al meterme con ella, pronto comprendí que, para verter al castellano la poesía de Brecht, lo más conveniente —al menos, así me lo pareció— era adoptar un criterio ecléctico: en efecto, se trata de un poeta con una gran variedad formal y cuya comunicación se realiza a muy diversos niveles estéticos. El poeta Brecht, como el autor dramático de su canción (sin duda, él mismo) hizo respecto al teatro, estudió las tradiciones poéticas de su propio país y las de otros pueblos y épocas. Formas populares y cultas, alemanas y extranjeras, modernas y antiguas..., le sirven, según las ocasiones, al crear poemas o canciones para ser leídos, recitados, cantados, coreados... En unos, pues, era imprescindible intentar dar una forma métrica y hasta rimada lo más cercana posible a la original; en otros, que originariamente no la tenían ya, lo imprescindible era esforzarse por crear un lenguaje poético de eficacia equivalente; en otros, aún, me pareció preferible sacrificar en la versión el metro y la rima a cambio de no sacrificar, dentro de lo posible para mí, el más leve matiz de significado poético o lingüístico... Por poner un ejemplo: el lector seguramente apreciará las diferencias de tono poético que hay entre esa especie de romance europeo moderno que es «La cruzada de los niños» o las canciones infantiles sobre «El sastre de Ulm» y «El ciruelo», de un lado, y de otro, las «loas» (de la dialéctica, de la duda...) o «Recuerdo de María A.», o «Demolición del barco 'Oskawa' por su tripulación» o esa especie de «haikai» que es «El humo»... Desde el punto de vista del contenido y de los motivos, Brecht no es menos variado y dialéctico: una parábola de Buda le vale para desenmascarar una determinada mentalidad contemporánea; al final de las palabras de un campesino egipcio a su buey, inesperadamente, surge la clave que revela, tras las primitivas invocaciones idealistas, las verdaderas relaciones del hombre y el animal, acaso aludiendo además a otras relaciones más modernas de hombre a hombre; el relato del marinero del «Oskawa», prodigioso en su sarcasmo, está tan bien dosificado que, en efecto, «hasta un niño podría comprender» lo que el «marinero» Brecht cuenta de la sociedad en que navega... El campo de la poesía de Brecht lo constituyen la historia y el mundo enteros; hablan en ella campesinos y obreros de todo el mundo y de todas las épocas, y criadas, bandidos, soldados, perseguidos, exiliados, comerciantes, escritores... y Buda, Empédocles, Lao—tse, etc. He procurado que la forma y el lenguaje de las versiones se correspondan, como en el original, con esta variedad de puntos de vista y presupuestos poéticos.
Esta segunda fase ha tenido otra tercera complementaria, en la que la intervención de José María Carandell ha sido fundamental. Llamado Vicente Romano como profesor de una universidad norteamericana, fue una fortuna para mí lograr la colaboración del poeta José María Carandell, quien, aparte de su conocimiento profundo de la cultura y del idioma alemanes, es, precisamente, un atento estudioso de la obra brechtiana. Consistió esta tercera fase en la revisión final de las versiones, verso a verso y texto en mano, y de tal revisión surgieron modificaciones esenciales que, en algún caso, me obligaron a rehacer por completo o en parte ciertas versiones. Más aún: la intervención de Carandell ha sido decisiva incluso en la versión poética de algunos poemas como, por ejemplo, en las «Coplas de Mackie Cuchillo».
Me parecía importante y justo aclarar todos estos puntos y explicar el método de trabajo seguido. Pero quiero dejar bien claro que, si lo he hecho, no ha sido en absoluto por librarme parcialmente de alguna responsabilidad, sino por dejar constancia objetiva de la génesis de esta versión, así como por respeto a la obra de Brecht.

 

Jesús López Pacheco
Mayo 1965

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Baudelaire - Poemas prohibidos

LAS ALHAJAS


Desnuda estaba mi amante, y leyendo en mi corazón
se mostraba con sus sonoras alhajas,
y esa ostentación le daba un aire vencedor
como a las esclavas de los árabes en sus días felices.

La très chère était nue, et, connaissant mon coeur,/Elle n'avait gardé que ses bijoux sonores,/Dont le riche attirail lui donnait l'air vain ueur/Qu'ont dans leurs jours heureux les esclaves des Mores.

***

Cuando alza el vuelo el azor de sus sonidos,
ese mundo fulgurante de metales y piedras
me lleva al éxtasis, y ciegamente adoro
las cosas que con música a la luz se unen.

Quand il jette en dansant son bruit vif et moqueur,/Ce monde rayon nant de métal et de pierre/Me ravit en extase, et j'aime à la fureur/Les choses où le son se mêle à la lumière.

***

Ella estaba tendida y se dejaba acariciar,
y en el diván cómplicemente sonreía
ante mi amor inmenso y suave igual que las mareas,
que por ella subía como a su acantilado.

Elle était donc couchée et se laissait aimer,/Et du haut du divan elle souriait d'aise/A mon amour profond et doux comme la mer,/Qui vers elle montait comme vers sa falaise.

***

Con los ojos clavados en mi, como un tigre domado,
con aire lánguido y soñador cambiaba de postura,
y candor y lujuria juntos
daban un encanto nuevo a sus metamorfosis;

Les yeux fixés sur moi, comme un tigre dompté,/D'un air vague et rêveur elle essayait des poses,/Et la candeur unie a la lubricité/ Donnait un charme neuf à ses métamorphoses;

***

y sus brazos y piernas, y sus muslos y caderas
bruñidos como aceite, ondosas como un cisne
pasaban ante mis ojos clarividentes y serenos;
y su vientre y sus pechos, esos razimos de mi vid,

Et son bras et sa jambe, et sa cuisse et ses reins,/Polis comme de l'huile, onduleux comme un cygne,/Passaient devant mes yeux clairvoyants et sereins;/Et son ventre et ses reins, ces grappes de ma vigne,

***

se ofrecían, más seductores que los Ángeles del mal,
para turbar la serenidad de mi alma,
y conmoverla allí en la acristalada estancia
donde tranquila y solitaria se había aposentado.

S'avancaient, plus câlins que les Anges du mal,/Pour troubler le repos où mon âme était mise, /Et pour la déranger du rocher de cristal/Où, calme et solitaire, elle s´était assise.

***

Creía ver unidos para un destino aún no nacido
las caderas de Antiope y el busto de un niño
de tal manera el talle insinuaba su pelvis.
¡Sobre el cobre y oro de su piel el soberbio maquillaje de la herida!

Je croyais voir unis par un nouveau dessin/Les hanches de l'Antiope au buste d'un imberbe,/Tant sa taille faisait ressortir son bassin./Sur ce teint fauve et brun le fard était superbe!

***

- Y una vez que la lámpara se resignó a morir,
sólo los leños ardiendo iluminaban la estancia,
y cada vez que allí crepitaba un llameante suspiro,
inundaba de sangre aquella piel de color ambarino.

- Et la lampe s'étant résignée à mourir,/Comme le foyer seul illuminait la chambre,/Chaque fois qu'il poussait un flamboyant soupir,/Il inondait de sang cette peau couleur d'ambre!

***

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Poesía completa - Dylan Thomas

LA POESÍA DE DYLAN THOMAS


Hablar de un poeta es tan sólo poner de manifiesto lo que tal poeta dice de sí mismo. Es tratar de expresar cómo la vida se nombra en él. La dificultad consiste en descubrir tras los gestos de lo cotidiano, las máscaras de sus ceremonias ignoradas; tras los miedos, el goce, la mirada, el fracaso o el exceso, reconocer su rasgo esencial, su palabra primaria, la caligrafía íntima de su propia contemplación.
Las circunstancias espectaculares y la leyenda tejida en torno a Dylan Thomas, esa figura excéntrica que paseaba su angustia y sus borracheras por los bares del Greenwich Village y por otra parte, el luminoso opuesto del adolescente perseguidor de pájaros que se extasiaba en la contemplación del mar y las colinas de Swansea, han mediado, especialmente en el público de América, en la valoración de su obra. Con Dylan Thomas ocurre un fenómeno curioso: todo el mundo habla de él. muchos han leído sus páginas en prosa Retrato del artista cachorro y Con distinta piel, también se ha visto representada su pieza teatral Bajo el bosque de leche, obra valiosa por su sentido del humor altamente poético, pero muy pocos conocen a fondo su poesía, lugar donde el lenguaje de Dylan Thomas alcanza su revelación más poderosa.
El nacimiento, la infancia, la adolescencia, la sexualidad, la religión, la muerte, el idioma del paisaje, la leyenda, en la visión acelerada de un múltiple universo de símbolos conforman la esencia de esta poesía. Rebelión de las fuerzas vitales ante las formas que avanzan hacia su caducidad, música y memoria de un paraíso perdido en la niñez, gozo profundo ante los milagros y una constante búsqueda de la verdad inmutable del hombre, oculta en los mitos, los colores, los sonidos, las repeticiones eternas. Y que sólo se manifiesta a la luz de las palabras. Dylan Thomas trata de aprehender los limites de lo creado, la belleza y el terror de vivir, por medio de una participación activa en ambos extremos. Se trata del "éxtasis de la vida y el horror de la vida" de que hablara Baudelaire. Y en esa travesía de opuestos, se cumplirá finalmente un acto de apertura y celebración.
Situación histórica.

Que en Inglaterra surgiera un poeta como Dylan Thomas dentro de la década del 30 (Eighteen Poems, London, Fortune Press, 1934) aunque resulte extraño en un primer análisis no es más que la consecuencia lógica de un proceso inevitable. Inglaterra, a causa de su conservadorismo e insularidad, asumió más lentamente que otros países los cambios en la cultura y en las escuelas literarias. La literatura inglesa en general y la poesía en particular han tenido siempre un tiempo interno propio, un modo peculiar de aproximarse a los objetos y a los temas que trataba. Pero la aceleración de las metamorfosis ocurridas en el siglo XX no pudo serle ajena. En la década del 30 ya habían decantado los fenómenos de principios de siglo: la crisis de la agricultura, la primera guerra mundial, las transformaciones sociales. Entre las dos instancias claves que predominaban en la literatura británica: the isolalion y the relationship, se hacía necesaria una opción y ella no podía ser otra que el abandono de los problemas individuales y el intento de una comunicación que fuera compromiso con el hombre genérico, como miembro de una sociedad conflictuada en la que había que participar activamente. Esto es notorio en los poetas llamados de los thirties o la war generation cuyas preocupaciones básicas eran las cuestiones sociales —las teorías de Marx especialmente— y la indagación psicológica, sobre todo los descubrimientos freudianos. Pero lo psicológico era mirado desde fuera, como intento de dilucidar la génesis de las enfermedades de la civilización. De ahí que todos sus integrantes hicieran causa común con la guerra civil española y algunos de ellos hasta se enrolaran en las filas republicanas. Desde luego, su obra fue el resultado de esta actitud. La poesía de Auden, por ejemplo, llena de tesis, antítesis y demostraciones por el contrario, lleva a la conclusión de que las especulaciones sobre lo que para el hombre representa cada cosa en relación con el tiempo, Dios o el conocimiento deben ser trasladadas a la circunstancia inmediata. Day Lewis toma sobre sí el problema que preocupó a toda su generación: la elección entre la salvación del individuo y la salvación de la masa. Los primeros poemas de Spender, reclaman justicia y defienden a los trabajadores explotados. Junto con estos poetas hay que considerar a Mac Niece, con su exceso de sentido común, a Grigson, que odiaba toda subjetividad y a algunos otros que integraron esta generación del 30. A pesar de que muchos de ellos lograron valiosos poemas y una obra de importancia, todos tropezaron con la misma imposibilidad: la de conformar una imagen metafísica del hombre.
Es evidente que cada vez que la circunstancia social ha obligado al artista y al poeta a respuestas inmediatas, surge a continuación el fenómeno contrario. Encerrado en esquemas masivos la eterna aspiración a "otra cosa" que hay en el hombre, va elaborando su apertura hacia ella, hacia esa zona que reconoce su infinito más allá de la cuantificación, hacia esa sustancia que no puede reducirse a lo genérico de la especie humana, sino que es el hombre en y por sí mismo. Si bien en esas circunstancias no parecía posible conformar una imagen metafísica del hombre, sí lo era volverse hacia los símbolos, al inconsciente, a la religión para elaborar una imagen mítica, en cuanto el mito puede proporcionar una respuesta a las constantes del ser, respuesta que conformase a la conciencia profunda y devolviera al hombre su individualidad perdida. Así surgió la generación que se llamaría de los forties integrada por poetas como George Barker, Sydney Keyes, David Gascoyne —único surrealista inglés— el grupo neorromántico del Apocalipsis y muchos otros entre los cuales Dylan Thomas no sólo fue el pionero sino el más importante de todos ellos.
Los símbolos constantes:

En ese momento histórico en que los símbolos se convertían en meros signos de la experiencia, en una época que reclamaba del poeta cierto compromiso social, Dylan Thomas trascendió el límite de lo inmediato, se apartó de lo social para reconocer el poder de las fuerzas movilizadoras de la vida, habló de la sucesión de ritmos que en el mundo se oponen y se corresponden y convirtió lo que descubría en una llave luminosa de conocimiento poético. Es notable que en más de una oportunidad haya sido un escritor de origen céltico quien quebrara esa línea de racionalidad en Gran Bretaña, que acudiese al inconsciente, a lo oculto, a lo universal para exponer su propia cosmovisión, como en el caso de Joyce, que partiendo de la relación del entorno con el mito se elevó sobre lo contingente para crear una conciencia de la raza.
Se afirma que la poesía de Dylan Thomas está cargada de metáforas. Insisto en hablar de símbolos, puesto que en muchos de sus versos no hay una mera comparación —antinómica o no— de dos términos como ocurre en la metáfora, sino que se dan series de relaciones mucho más complejas, que vuelven tangible y vívido lo que de otro modo resultaría esfumado o remoto.
Elder Olson [1], crítico y exégeta de la obra de Thomas, reconoce en ella tres tipos de símbolos: 1) los naturales, 2) los convencionales, 3) los privados. Los símbolos naturales son aquellos que pertenecen a la "realidad" y no a la "figura". Pueden ser usados por cualquier poeta, pero corresponde a cada uno el último afinamiento de significación. La luz —por ejemplo— tomada como símbolo de vida, la oscuridad como el mal, el ascenso como resurrección, el descenso como regresión o muerte. Mientras que las interpretaciones que Dylan hace de los hallazgos de Freud, de algunas claves del Ulises, de ciertos pasajes de la Biblia, constituirían los símbolos convencionales puesto que se apoyan en una aceptación común, así como sucede con sus frecuentes referencias a la astrología, las imágenes litúrgicas, la magia, la alquimia, la cartografía y las sagas regionales. Y los privados serían aquellos encontrados, descubiertos o inventados por el poeta y que forman coordenadas claves en toda su obra. De este modo, al asociar en virtud de una operación analógica unas cosas con otras, unos sucesos con otros, traslada los objetos comunes y las sustancias corrientes al lenguaje de las correspondencias: la cera es símbolo de muerte, representa la carne mortal; el aceite lo es de vida; la sal resulta significadora del nacimiento dentro del mar; las cuevas y cavidades —y aquí se aparta de Freud— no tienen connotación sexual sino que simbolizan las partes más recónditas del espíritu; las iglesias y las capillas se relacionan con la primitiva fe perdida; los cuchillos y las tijeras representan al mismo tiempo el nacimiento y la muerte, puesto que existe el corte del cordón umbilical y el corte definitivo de la existencia. La momia egipcia se asocia con las digresiones sobre la inmortalidad del alma. Los sastres simbolizan aquello que ata a los hombres entre sí y al mismo tiempo el sudario que será su última vestidura. Y por fin todo el camino de la vida es un túnel, semejante a la prisión prenatal. es una lucha desde las tinieblas por alcanzar la luz. Así lo expresa en Poem on his birthday (Poema en su cumpleaños): "La oscuridad es un camino y la luz un lugar / el cielo que no existió ni existirá jamás es siempre cierto / y en ese vacío tupido de malezas / como los bosques de zarzamoras / crecen los muertos para su alegría". Con la imaginación vislumbra esa zona donde cada cosa ganará un lugar dentro de la luz. La existencia es una cárcel simbólica en la que podemos recrearnos con las pasiones transitorias que hallamos en el camino, pero que son sólo reflejos de la totalidad.
En estos símbolos privados hay sin duda campo fértil, tanto para la investigación psicológica como para la exploración estilística. Pero cuando en 1934 apareció su primer libro Eighteen Poems la crítica no investigó demasiado, sino que halló a su poesía difícil, irracional e indisciplinada. Mac Niece la juzgó salvaje, como el discurso rítmico de un ebrio. Porteous la llamó "una peregrinación sin guía hacia el hospicio". Spender afirmó categóricamente que se trataba de material poético en bruto, sin control inteligente o inteligible. Resultaba difícil para ellos entender que Dylan, a pesar de haber conocido, asumido y padecido los descubrimientos de Freud y el marxismo, no teorizase sobre ellos como lo hiciera la generación anterior, que se apartara de Marx y que utilizara poéticamente algunos elementos del psicoanálisis. Que se nutriera en otras fuentes no exploradas por los poetas de los thirties y que buscase antes de poetizar sobre la circunstancia inmediata, un equilibrio entre la actitud existencial y las fuerzas de mutación que actúan en el cosmos.
Tres períodos

Aunque la división parezca académica, deben reconocerse tres períodos en la poesía thomasiana, clasificación que el mismo Dylan admitía de buen grado. En los poemas del primer período (hasta Twenty Five Poems) la dificultad esencial con que tropieza el lector es la de entender quién es el que habla, qué cosa desea expresar por sobre todas las demás que afluyen como ríos constantes. Esto y su costumbre de cambiar el hablante varias veces dentro de un mismo poema —a la manera de algunas viejas baladas inglesas como Turpin Hero, que empieza en primera persona y termina en tercera— unido a su lenguaje complejo y difícil es lo que determina la oscuridad de esta poesía. Por momentos, las imágenes parecen producto de la asociación libre, pero un análisis más profundo demuestra que la superposición ha sido deliberadamente planeada. Su diferencia con los surrealistas —y él mismo lo dice en su Manifiesto Poético— es que suele utilizar el material que proviene del inconsciente y del mundo onírico, pero lo somete a una suerte de revisión, a una suerte de ordenamiento inteligente, tal como a su modo lo hicieran Manley Hopkins en poesía y Joyce en prosa. Con el descubrimiento del inconsciente se abren para el poeta caminos insospechados de asociación que le sirven para crear su universo de analogías personales.
Estos primeros poemas, podrían representarse en última síntesis por un dualismo fundamental: dos palabras claves que en inglés tienen semejanza silábica: womb y tomb (útero y tumba), dos límites dentro de los que se cumple, con sus alturas y sus caídas, la totalidad de la existencia. Aplicando a su modo el principio dialéctico llega a comunicar su participación en los fenómenos de la vida y la muerte. Retorna al útero y trasmite las sensaciones que adivina en el feto; es semilla, espíritu, se desprende de la materia, trepa hasta el sueño para descubrir la luz en un plano extrahumano, se convierte en planta, mineral, animal, se vuelve parte de los abismos del mar, desciende a la tumba y padece la existencia secreta de los muertos, vive la desintegración de los átomos y su incorporación a nuevas formas de vida para tratar de asir, desde todo ello, el secreto último de la creación: "Antes que llamara y la carne me abriese / que mis liquidas manos golpearan en el vientre / yo que era entonces informe como el agua / que formaba el Jordán junto a mi casa / era hermano de la hija de Mnetha / y hermana del gusano que me daba la vida" (Before I knocked = Antes que llamara). Y también "Soñé mí génesis en sudores de muerte / caído por dos veces en el nutricio mar / vástago rancio de la sal de Adán, visión / de nueva fuerza humana. Busco al sol'. (I dreamed My genesis — Soñé mi génesis).
Uno de los temas principales de este período es el sexo, entendido como potencia creadora. La fuerza originaria de la vida forma los polos de la sexualidad universal, cuyo principio es el desdoblamiento del uno y el dos. "Oh, ved en los muchachos los polos de la promesa" (I see the boys of Summer = Veo los muchachos del verano). Pero al mismo tiempo existe la fuerza tanática que va cercenando a la energía erótica desde dentro. El sexo atrae compulsivamente pero el poeta llega a la conclusión de que sólo sirve a la especie. Y para el individuo no es más que una droga que hace olvidar el paso del tiempo, la deterioración implícita en la carne, la impotencia de la vejez. El húmedo músculo del amor se aja y muere / aquí estalla un beso en una cantera sin amor (Veo a los muchachos del verano). Y también: "La mitad de este mundo es del demonio, la otra mitad es mía / bobo por esa droga fumada en una niña / y encerrado en el brote que bifurca su ojo" para añadir más adelante: "Yo me siento y contemplo bajo mi uña al gusano / que corroe lo vivo" (If I were tickled by the rub of love — Si me hiciera cosquillas el roce del amor). Ante esta disyunción entre eros y thanatos que no puede resolverse acude a un intento de modificación de la apariencia, decide separarse de su propia humanidad para reflejarla alterada en un espejo que no le devuelve otra cosa que una imagen de sí mismo: "hombre sé mi metáfora" ruega en un clamor por la salvación. Porque a veces es una metáfora, no una cualquiera, sino la metáfora clave donde se explica toda su obra, el medio por el cual el poeta descubre la ley secreta de lo viviente, el diálogo de toda criatura con su alrededor y su existencia, lugares de los que debe rescatar su ser y donde tiene que desentrañar su destino. La parábola sigue su curso y en el segundo período de la poesía de Dylan Thomas se comprueba una mayor aceptación de lo exterior. Sus poemas son ahora, además de puros actos de creación, modos de revelación de la experiencia. Tomemos al azar Ceremony after a fire raid, que por su contenido se tradujo como "Ceremonia después de un bombardeo". Nada puede ser más desolador que una ciudad devastada. Pero el poema, que comienza con una descripción del ámbito, acaba con una celebración ritual donde se invierte el proceso seguido en los poemas anteriores: en lugar de aludir a la muerte como una forma que acecha dentro de la vida, esta vez es la vida que renace desde la muerte. La aniquilación y el renacimiento intercambian sus alucinantes figuras, una fantasmagoría prodigiosa se apropia de la dura realidad y mezcla uno y mil cuadros que desembocan en la esperanza: "Dentro del pan en un sembrado de llamas / dentro del vino abrasador como aguardiente / las misas del mar / las misas del mar bajo / las misas del mar que engendra niños / irrumpen como fuentes y entran a colmar para siempre / gloria, gloria, gloria / el reino final y destructor del trueno de la génesis.
En esta etapa, Dylan se aparta de la interpretación freudiana en favor de una mayor universalidad. Existen los ciclos, el eterno retorno y las cosas que en el mundo aparecen son señales de las razones para que así ocurra. El lenguaje se clarifica, se vuelve dinámico, incisivo, frecuentado por inesperadas rupturas. Hay cierto parentesco con los símbolos arquetípicos de Jung y aunque el hecho no sea deliberado estamos frente a la aplicación poética de la teoría de las imágenes primordiales en el inconsciente colectivo, lo que llevaría a la conclusión de que la poesía es más efectiva cuanto más universal. Esta es la clave para interpretar el segundo período en la obra poética de Thomas.
Cuando luego de un proceso semejante se vuelve al hombre como sujeto final de la poesía, la mirada abarca una dimensión más amplia. De vuelta de ese diálogo entre la conciencia poética y la experiencia real, el poeta entra en una relación diferente con el ser. Estamos en el tercer período de su poesía que algunos críticos han llamado la "etapa humana". Y esta denominación tiene su razón de ser. Dylan se instala en sus propios límites de hombre, hace una profesión de fe casi panteísta, intenta adueñarse de la raíz sensual y la savia de la vida. Aquella dinámica que operaba desde lo sexual, desde los polos útero-tumba, se ha metamorfoseado, pues el poeta se reconcilia aquí con los hechos incuestionables de la mutabilidad y la muerte.
Preocupado por el fenómeno de la vida, Dylan Thomas no obstante, no se había preguntado por su sentido. De la rebeldía llega a la fe sin pasar por el purgatorio de la duda o el infierno de la desesperación. Bardo en el viejo sentido de la palabra, a la manera de François Villon o de su compatriota medieval Dafyd Ap Gwilin, se vuelve a la leyenda que conserva la fuerza de lo primitivo y permanece como patrimonio del hombre. Partiendo de lo épico construye una epifanía dentro de la que cumple su gran acto de pacificación con el universo y consigo mismo. Experimenta el ascenso hasta hacerse uno con la materia poética que esta vez es el paisaje mágico, la saga, el descubrimiento de las leyes secretas que subyacen en todo mito arraigado a través de los siglos (Ballad of the long legged bait = "Balada del señuelo de piernas largas", "In country Sleep" = "En el sueño campesino", Over St John Hill = Sobre el cerro de Saint John, Winter's tale = "Cuento de invierno", On white Giant tigh = "En el muslo del gigante blanco", entre otros. En esta etapa alcanza su soberanía en la transparencia, deja de tender a la oscuridad, de enumerar sus hambres emboscadas para escrutar los signos de la infancia, las alegorías de los cuentos de hadas que explican la creación en un idioma afín con la poesía: "Es un cuento de invierno / que el anochecer ciego de nieve trasporta sobre los lagos / y los campos flotantes de la granja en lo copa de los valles / sobre el pálido aliento del rebaño en la vela furtiva que resbala calmo entre los copos plegados a mano / y sobre las estrellas que se entregan al frío / y en el olor del heno entre la nieve y el remoto búho / que da consejos entre los rebaños y en la zarpa de hielo / en los valles cruzados por los ríos donde se dijo el cuento". (Cuento de invierno).
Como réplica a los que afirman que la genialidad de esta poesía reside en la música del lenguaje, podría decirse que en este período la unidad del idioma no es la palabra misma, ni tampoco la música ni la respiración, ambas muy importantes pero no decisivas. La fuerza consiste en que, en virtud de una extraña alquimia verbal, cada verso es una réplica del anterior, de modo que cada línea sugiere la próxima y cada imagen vale tanto en sí misma como articulada con las otras. Al decir de Grigson se trata de solecismos masivos cargados de profundidad y de extraño poder mágico. La escanción y el ritmo han cambiado con respecto de las etapas anteriores. Los versos son largos, con ictus que marcan una cadencia salmódica, de acuerdo con una operación del espíritu que por fin acepta la renovación terrestre, la precesión y transformación de las estaciones, el equilibrio del ritmo cósmico, el diálogo entre la permanencia del ser y la movilidad del mundo: "Y tú despertarás del sueño campestre en este amanecer / y cada amanecer primero / tu fe tan inmortal como el clamor del obediente sol (En el sueño campestre).
Dos poemas religiosos

Dylan Thomas nunca ha buscado respuestas filosóficas a los interrogantes metafísicos. Es un poeta que cree en Dios, en la naturaleza y en la caída. Sobre todo, cree en la gracia. En los poemas últimos hay una aceptación rotunda de su fe. Su religión es natural, los símbolos y las alusiones a la Biblia constituyen un conocimiento directo. La religión no es mediación, es una parte de la vida, como lo son la tierra y el mar. Con un lenguaje que se aproxima al de Manley Hopkins, comunica plenamente esta aquiescencia en dos series de poemas: "En dirección al altar bajo la luz del búho" y "Visión y Plegaria" [2]. La primera serie consta de diez sonetos y cierra el segundo volumen de poemas Twenty Five Poems. En estos sonetos el poema se apropia del cielo entero, de las divinidades paganas, de los mitos de varias religiones. Pero aunque juega con las diversas deidades interpreta a su modo un juego de firmamentos opuestos. Desde un principio se muestra comprometido con la visión cristiana y la serie entera resulta ser una interpretación poética del Apocalipsis.
El primer soneto comienza con la peregrinación de Hércules, en una narración pagana por excelencia:

En dirección al altar bajo la luz del búho
a mitad del camino de la casa
el caballero con sus furias declina hacia la tumba
Abadon en el pellejo arrancado a la uña de Adán,
devorador de mundos, con la quijada al acecho de nuevas
un perro entre las ferias con su horquilla
arrancó a dentelladas la mandrágora gritando hacia el mañana
entonces, con monedas por ojos, este señor de las heridas,
viejo gallo de ningún sitio y del huevo celeste
con huesos desprendidos en los vientos a mitad de su curso
sobre una pierna en medio del ventoso naufragio
en errante palabra vino a arañar mi cuna
esa noche del tiempo al abrigo de Cristo:
él dijo: soy el héroe que viaja alrededor del mundo
y comparto mi lecho con Capricornio y Cáncer.
Son frecuentes las alusiones a la astronomía, la astrología, el Antiguo y el Nuevo Testamento, las figuras de los naipes y la mitología egipcia. Pero a partir del soneto VIII el poeta se refiere directamente a la crucifixión de Cristo:

Fue la crucifixión en la montaña
los nervios del tiempo en vinagre, la tumba como horca
tan untada de sangre como las fúlgidas espinas de mis lágrimas
es el mundo mi herida, la María de Dios en su dolor
como tres árboles doblada y con pechos de pájaro debajo de la túnica
es la mujer de interminable herida, con alfileres en lugar de lágrimas.
Era el cielo, Juan Cristo, y cada esquina trovadora
ganó la marcha de los clavos llevados hacia el cielo
hasta que el arco-iris tricolor de mis pechos
se arrastró entre los polos alrededor del mundo en su despertar de caracol
Yo junto al árbol donde colgaban los ladrones, mediquillo de toda gloria
castré al esqueleto en este minuto montañoso
y junto al reloj de viento que del sol es testigo
padezco a los infantes celestiales en los latidos de mi corazón.

Y la serie termina con una clara formulación de la certeza del retorno al Edén, pues lo que el tiempo destruye, puede a pesar de todo ser restaurado: "Verde como el comienzo deja al jardín que se hunde / que trepe con sus torres de cáscara hasta el día / en que el gusano construirá con las pajas doradas del veneno / mi nido de clemencia en el tosco árbol rojo".
En la otra serie "Visión y plegaria" describe el estado de inocencia anterior a la caída. La primera parte "Visión" está compuesta de seis poemas escritos caligramaticamente, con sílabas combinadas en su extensión y tipografía de modo que formen la imagen del útero —se ha respetado esto en la traducción—. Se describe el asombro de nacer, de ser testigo de otro nacimiento :



Quien
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
sobre el fantasma y el hijo que desciende
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura

En cuanto a la segunda parte "Plegaria" es la manifestación de la comunión total con la naturaleza, del llamado de Dios, de la purificación solar. Estos poemas describen el sitio donde no hay pecado ni condena, sino conocimiento gozoso de cuáles elementos del hombre pertenecen a la tierra, cuáles a la temporalidad y cuáles a lo eterno. Formalmente la serie está compuesta de seis poemas que a primera vista semejan una clepsidra pero en realidad muestran la figura del santo Graal tal como aparece en algunos grabados antiguos. Reproduzco el último de esta serie considerada como una de las mejores composiciones devocionales de Dylan Thomas:



Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo
en una bendición del repentino sol
en nombre de los condenados
me volvería o correría
a la escondida tierra
pero el sonoro sol
purifica
el cielo
Alguien
me encuentra
Oh dejadlo
que me abrase y me ahogue
dentro de su herida terrena
Su relámpago contesta mi llanto
mi voz arde en su mano
ahora estoy perdido en Aquel que enceguece
y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol

Para Dylan Thomas la poesía fue destino en el sentido que Hegel dio a esa palabra. Destino trágico, polémico, iluminado. Entendemos que el no reconocer este destino conduce a los reinos sin compromiso —o falsamente comprometidos— donde la poesía en función de otra cosa extravía su esencia. ¿Consiste la crisis actual de la poesía en el olvido o menosprecio de este destino?
Dylan Thomas da el ejemplo, no sólo de la distancia que el verdadero poeta establece con las modas, la política, los movimientos de superficie, sino que además demuestra que la poesía, aún la religiosa, no debe necesariamente situarse en un mundo de abstracciones, sino que puede nacer en la zona en que el hombre es uno con la tierra y el cuerpo. Y elevarse luego desde su condición carnal a su lugar de purificación y trascendencia.
Sin embargo, estos cantos de alabanza no le impidieron al poeta sumirse en un destino de autodestrucción, el destino de un alcohólico empedernido que parece huir constantemente hacia la meta final de su aniquilamiento. Juzgar este hecho sería adentrarse en una contradicción que pertenece al terreno de lo psicológico. Sólo me atrevería a sugerir, que tal vez la cárcel de su ego, las limitaciones del medio, las pautas de una sociedad frívola hayan esposado su sed de libertad y que su yo auténtico no haya tenido la fuerza suficiente como para echar abajo esas barreras. Quizá su iluminación no bastó para alumbrar los intersticios de ese engranaje social, descorazonador y apabullante para el poeta. Pero es posible que en esta oposición entre ascenso y descenso, gozo y desesperación resida el daimon oculto y deslumbrador de esta poesía, prodigio que escapa a las disgresiones y la especulación, poesía que ha descripto en tres tiempos, articulados en virtud de una armonía que trasciende la lógica, los dualismos de la insurrección y la reverencia expresados en el lenguaje de la creación más pura.
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La destrucción o el amor - Vicente Aleixandre

LA SELVA Y EL MAR

Allá por las remotas
luces o aceros aún no usados,
tigres del tamaño del odio,
leones como un corazón hirsuto,
sangre como la tristeza aplacada,
se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.
Largas cadenas que surten de los lutos,
de lo que nunca existe,
atan el aire como una vena, como un grito, como un reloj que se para
cuando se estrangula algún cuello descuidado.
Oh la blancura súbita,
las orejas violáceas de unos ojos marchitos,
cuando las fieras muestran sus espadas o dientes
como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,
menos el amor,
al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,
donde no se sabe si es el amor o el odio
lo que reluce en los blancos colmillos.
Acariciar la fosca melena
mientras se siente la poderosa garra en la tierra,
mientras las raíces de los árboles, temblorosas,
sienten las uñas profundas
como un amor que así invade.
Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,
donde todavía un cervatillo ya devorado
luce su diminuta imagen de oro nocturno,
un adiós que centellea de póstuma ternura.
El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,
la cobra que se parece al amor más ardiente,
el águila que acaricia a la roca como los sesos duros,
el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,
la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido
[con una selva,
ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo;
mientras la pulcra coccinela
se evade de una hoja de magnolia sedosa…
Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen
se levanta como dos alas de oro,
élitros, bronce o caracol rotundo,
frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.
La espera sosegada,
esa esperanza siempre verde,
pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,
inventa los ramajes más altos,
donde los colmillos de música,
donde las garras poderosas, el amor que se clava,
la sangre ardiente que brota de la herida,
no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,
por más que los pechos entreabiertos en tierra
proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.
Pájaro de la dicha,
azul pájaro o pluma,
sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
del amor o castigo contra los troncos estériles,
frente al mar remotísimo que como la luz se retira.
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Cantares Gallegos - Rosalía de Castro

Prólogo

Grande atrevemento é, sin duda, pra un probe inxenio como o que me cadrou en sorte, dar á luz un libro cuias páxinas debían estar cheias de sol, de armonía e daquela naturafidade que, unida a unha fonda ternura, a un arrulo incesante de palabriñas mimosas e sentidas, forman a maior belleza dos nosos cantos populares. Á poesía gallega, toda música e vaguedade, toda queixas, sospiros e doces sonrisiñas, mormuxando unhas veces cos ventos misteriosos dos bosques, brilando outras co raio de sol que cai sereniño por enriba das auguas dun río farto e grave que corre baixo as ramas dos salgueiros en frol, compríalle para ser cantada un esprito subrime e cristaíño, si así o podemos decir; unha inspiración fecunda como a vexetación que hermosea esta nosa privilexiada terra; e, sobre todo, un sentimento delicado e penetrante, para dar a conocer tantas bellezas de pirmeiro orden, tanto fuxitivo raio de hermosura como se desprende de cada costume, de cada pensamento escapado a este pobo a quen moitos chaman estúpido e a quen quisais xuzguen insensibre, estrano á devina poesía. Mais naide ten menos que eu teño as grandes cualidades que son precisas pra levar a cabo obra tan difícile, anque naide tampouco se pudo achar animado dun máis bon deseo pra cantar as bellezas da nosa terra naquel dialecto soave e mimoso que queren facer bárbaro os que non saben que aventaxa ás demais linguas en dozura e armonía. Por esto, inda achándome débil en forzas e non habendo deprendido en máis escola que a dos nosos probes aldeáns, guiada solo por aqueles cantares, aquelas palabras cariñosas e aqueles xiros nunca olvidados que tan docemente resoaron nos meus oídos desde a cuna e que foran recollidos polo meu corazón como harencia propia, atrevínme a escribir estos cantares, esforzándome en dar a conocer como algunhas das nosas poéticas costumes inda conservan certa frescura patriarcal e primitiva, e como o noso dialecto doce e sonoro é tan apropósito como o pirmeiro para toda clase de versificación.
As miñas forzas, é certo, quedaron moito máis abaixo do que alcanzaran os meus deseios, e por eso, comprendendo canto poidera facer nesto un gran poeta, dóiome inda máis da miña insuficenza. O Libro dos Cantares de don Antonio Trueba, que me inspirara e dera alento pra levar a cabo este traballo, pasa polo meu pensamento como un remorso, e casi asoman as bágoas ós meus ollos ó pensar como Galicia se levantaría hastra o lugar que lle corresponde si un poeta como Antón o dos Cantares fose o destinado pra dar a conocer as súas bellezas e as súas costumes. Mais a miña infeliz patria, tan desventurada nesto como en todo o máis, tense que contentar cunhas páxinas frías e insulsas, que apenas serían dinas de achegarse de lonxe ás portas do Parnaso como non fose polo nobre sentimento que as creou. ¡Que esto mesmo me sirva de disculpa pra os que xustamente quirtiquen as miñas faltas, pois penso que o que se esforza por desvanecer os errores que manchan e ofenden inxustamente á súa patria, é acreedore a algunha indulxencia!
Cantos, bágoas, queixas, sospiros, seráns, romerías, paisaxes, devesas, pinares, soidades, ribeiras, costumes, todo aquelo, en fin, que pola súa forma e colorido é dino de ser cantado, todo o que tuvo un eco, unha voz, un runxido por leve que fose, con tal que chegase a conmoverme, todo esto me atrevín a cantar neste homilde libro pra desir unha vez siquera i anque sea torpemente, ós que sin razón nin conocemento algún nos desprezan, que a nosa terra é dina de alabanzas, e que a nosa lingua non é aquela que bastardean e champurran torpemente nas máis ilustradísimas provincias cunha risa de mofa que, a desir verdade (por máis que ésta sea dura), demostra a iñorancia máis crasa i a máis imperdoable inxusticia que pode facer unha provincia a outra provincia hirmán por probe que ésta sea. Mais he aquí que o máis triste nesta cuestión é a falsedade con que fóra de aquí pintan así ós fillos de Galicia como a Galicia mesma, a quen xeneralmente xuzgan o máis despreciable e feio de España, cando acaso sea o máis hermoso e dino de alabanza.
Non quero ferir con esto a susceptibilidade de naide, anque, a decir verdade, ben poidera perdonárselle este pequeno desafogo a quen tan ferida foi de todos. Mais eu que atravesei repetidas veces aquelas soledades de Castilla que dan idea do deserto; eu que recorrín a feraz Estremadura e a estensa Mancha, donde o sol cai a promo alomeando monótonos campos donde o cor da palla seca presta un tono cansado ó paisaxe que rinde e entristece o esprito, sin unha herbiña que distraia a mirada que vai perderse nun ceo sin nubes, tan igual e tan cansado como a terra que crobe; eu que visitei os celebrados arredores de Alicante, donde os olivos co seu verde escuro, sembrados en fila e de raro en raro, parecen chorar de verse tan solitarios, e vin aquela famosa horta de Murcia, tan nomeada e tan alabada, e que, cansada e monótona como o resto daquel paíse, amostra a súa vexetación tal como paisaxes pintados nun cartón con árbores postos simétricamente e en carreiriños para divertisión dos nenos, eu non podo menos de indignarnie cando os fillos desas provincias que Dios favoreceu en fartura, pero non na belleza dos campos, búlranse desta Galicia competidora en clima e galanura cos países máis encantadores da terra, esta Galicia donde todo é espontáneo na natureza e en donde a man do home cede o seu posto á man de Dios.
Lagos, cascadas, torrentes, veigas froridas, valles, montañas, ceos azues e serenos como os de Italia, horizontes nubrados e melancónicos anque sempre hermosos como os tan alabados da Suiza, ribeiras apacibres e sereniñas, cabos tempestuosos que aterran e adimiran pola súa xigantesca e xorda cólera.... mares imensos... ¿Que direi mais? Non hai pruma que poida enumerar tanto encanto reunido. A terra cuberta en tódalas estacións de herbiñas e de frores, os montes cheios de pinos, de robres e salgueiros, os lixeiros ventos que pasan, as fontes i os torrentes derramándose fervedores e cristaíños, vran e inverno, xa polos risoños campos xa en profundas e sombrisas hondanadas... Galicia é sempre un xardín donde se respiran aromas puros, frescura e poesía... E a pesar desto chega a tanto a fatuidade dos iñorantes, a tanto a indina preocupación que contra a nosa terra esiste, que inda os mesmos que poideron contemprar tanta hermosura (xa non falamos dos que se bulran de nós sin que xamais nos haian visto nin aínda de lonxe, que son os máis), inda os que penetraron en Galicia e gozaron das delicias que ofrece, atrevéronse a decir que Galicia era... ¡¡un cortello inmundo!!... ¡I estos eran quisais fillos... daquelas terras abrasadas de onde hastra os paxariños foxen!... ¿Que diremos a esto? Nada máis sinón que taes fatuidades respecto do noso país teñen algunha comparanza cas dos franceses ó falar das súas eternas vitorias ganadas ós españoles. España nunca, nunca os venceu; polo contrario, sempre saleu vencida, derrotada, homillada; e o máis triste desto é que «val» antre eles tan infame mentira, así como «val» pra a seca Castilla, pra a deserta Mancha e pra tódalas demais provincias de España —ningunha comparada en verdadeira belleza de paisaxe coa nosa— que Galicia é o rincón máis despreciable da terra. Ben din que todo neste mundo está compensado, e ven así a sofrir España dunha nación veciña que sempre a ofendeu, a misma inxusticia que ela, inda máis culpabre, comete cunha provincia homillada de quen nunca se acorda, como non sea pra homillala inda máis. Moito sinto as inxusticias con que nos favorecen os franceses, pro neste momento casi lles estou agradecida, pois que me proporcionan un medio de facerlle máis palpabre a España a inxusticia que ela á súa vez conosco comete.
Foi este o móvil principal que me impeleu a pubricar este libro que, máis que nadie, conozo que necesita a indulxencia de todos. Sin gramática nin regras de ningunha clas, o lector topará moitas veces faltas de ortografía, xiros que disoarán os oídos dun purista; pro ó menos, e pra disculpar en algo estes defectos, puxen o maior coidado en reprodusir o verdadeiro esprito do noso pobo, e penso que o conseguín en algo... si ben dunha maneira débil e froxa. ¡Queira o ceo que outro máis afertunado que eu poida describir cos seus cores verdadeiros os cuadros encantadores que por aquí se atopan, inda no rincón máis escondido e olvidado, pra que así, ó menos en fama xa que non en proveito, gane e se vexa co respeto e adimiración merecidas esta infortunada Galicia!

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Sueño que sueño contigo y no quiero despertar...


Pablo Salazar

Sueño que sueño contigo
y no quiero despertar
sueño que estas a mi lado
y nunca me faltarás
sueño que hoy brilla el sol
y si no lo haré brillar
imaginando entre las nubes
tus ojos al despertar
sueño que me susurra el viento
tu nombre en la oscuridad
sueño con un mundo nuevo
con justicia y sin maldad
sueño con lluvias de estrellas
que la noche alegraran
sueño con mil arcoiris
que la tormenta alejará
sueño que la vida es sueño
y no la cruda realidad


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Cuarenta años de poesía peruana

Según Jorge Eslava en el diario La República, estas son las sumas que resumen Espléndida iracundia, la antología poética peruana que acaba de ser editada por la Universidad de Lima:  630 páginas, 125 poetas consultados, 40 últimos años, 45 autores seleccionados, 500 poemas y 4 responsables: Carlos López Degregori, Luis Fernando Chueca, José Güich Rodríguez y Alejandro Susti Gonzales. Es una antología “consultada” que abarca desde 1968 hasta el 2008, y que ha nacido con bronca bajo el brazo pues un grupo de poetas peruanos se negó a participar de la consulta y, luego, de la propia antología al ser seleccionados.
-Pocas veces en la literatura peruana un libro nace precedido de tanta controversia. ¿Es una buena señal?
CLD: El género de las antologías es polémico por naturaleza, pero en este caso se ve multiplicada por el número de los consultados. El debate cultural es indispensable, aunque la controversia que surgió fue una impresión apresurada. Recién el libro ha sido publicado y puede conocerse y entenderse su propuesta.
-Como antología que no responde al gusto de los responsables sino a un colectivo mayor, ¿puede hablarse de un nuevo código de lectura en nuestro medio?
AS: Hemos tratado en lo posible de incluir en la muestra de encuestados una variedad de perspectivas y formas de entender la poesía que fuera a su vez representativa del momento en que nos encontramos. Es evidente que los códigos que emplean los lectores varían con el paso del tiempo, como consecuencia de ello estaríamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo código o canon poético.
-¿Cuáles fueron los criterios establecidos para los autores consultados?
LFCh: Como menciona Alejandro, tratamos de recoger una diversidad de posturas y de sectores entre quienes conocen de poesía peruana, incluyendo por supuesto a los propios poetas, que suelen estar entre los lectores más informados. No pretendimos ni que cada consultado tuviera un conocimiento total (porque ello es imposible) ni la objetividad absoluta (que no existe). De la conjunción entre dichas posiciones y miradas se nutre la pluralidad de la nómina resultante.
-Una virtud de toda antología es su carácter reivindicativo: rescatar algunos nombres del olvido. ¿Ocurre con esta antología?
LFCh: No creo que haya nombres olvidados, pero sí algunos mucho menos recordados de lo que merecen; dos casos fundamentales entre los poetas ya fallecidos son Chirinos Cúneo y Ramírez Ruiz. Por otro lado, la antología reivindica zonas diversas de la poesía peruana, lo que permite ver el proceso de valoración de nuestra poesía en su complejidad y sus cambios.
-Creo que ninguna antología estimable se asume como canon aunque pretenda marcar un hito. ¿Es lo que busca este libro?
CLD: Una antología no decide un canon, pero sí puede contribuir a irlo perfilando al lado de otras prácticas y críticas culturales. Pero esa no es una decisión de él o los antologadores, sino de la mirada de los lectores futuros. Este libro quiere quedar como una referencia, un documento que muestra cómo se observa y lee la poesía peruana de los últimos 40 años en los inicios del siglo XXI.
-Que algunos casos como el de Patricia Alba (con un solo libro publicado) o Jorge Pimentel (quien se abstuvo de participar) figuren entre los elegidos, ¿no crees que sugiere el riesgo y la imparcialidad del trabajo?
JGR: Se trata de arriesgar y dar cabida a todas las tendencias y voces que fueron protagonistas de un período tan crucial. Alba y Pimentel son incuestionables referencias. Han sido los consultados quienes decidieron que ambos debían figurar como representantes: de la poesía femenina que emergió desde los ochenta y de los aportes operados a partir de los setenta, con Hora Zero. Hemos respetado el pedido expreso de no aparecer, sin obviar que un consenso lo eligió como autor canónico.
-¿Por qué anteceder un “poema poética” en cada selección de textos?
AS: El “poema poética” obedece a una necesidad por darle una coherencia interna al volumen y también al hecho de establecer relaciones en la forma como concibe cada uno el ejercicio poético. El “poema poética” también ha contribuido a enfatizar el carácter plural del volumen, esto es, a dar un panorama del campo poético que fuera, en la medida de lo posible, lo suficientemente completo.
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"EL CLUB DANTE Y SU MISIÓN ESTELAR". Autores: JULIÁN MIRANDA Y POETAS VARIOS.

 
Un Club Dante rizando el rizo del ingenio; el nuevo estilo literario de la “prosia”.
Sorpresivo en su trascendencia es este experimento de Literatura mayor, que conlleva mucho de innovación sin perder un ápice de las virtudes que dimanan de las excelentes y acostumbradas Letras.
Sorpresivo por su estructura y contenido -con una instruida puesta en escena de la poética que acompaña el carácter de romance y grata sensibilidad de la obra -, Julián Miranda imprime convicción en una narración sólida que arraiga de inmediato durante su lectura, con un carisma literario amenizado por un guión dinámico que imbrica a personajes reales en la ficción y a protagonistas de ficción con reales entidades. Es trascendente porque, en su aspecto formal, el autor incorpora un equipo integrador de Poetas que suman virtuosismo inspirador y dan un carácter de excelsitud a una prosa dinámica, enraizada con lo mejor de la narración romántica y con el añadido de tintes mistéricos absolutamente atractivos para el lector. Innovación brillante es mezclar la prosa con la poética en una trama de ambientación gótica y connotaciones mistéricas… ingenioso es llamar “prosia” a esta invención cuyos orígenes estriban en la suma virtuosa de la inspiración coral de numerosos y resueltos Poetas, integrada en una prosa convincente de un autor experimentado como es Julián Miranda.
La experimentación literaria deviene de la mano del pionerismo artístico como lo es la técnica Fractal en los escritos de Xavier de Tusalle  y ahora la "prosia" de Miranda; siempre queda el horizonte de la vanguardia.

No podía resultar de otra manera que en todo momento el lector sostenga la sensación de atestiguar un experimento literario a través de la sorpresa que desgrana cada página, ratificándose las aptitudes prosísticas de su autor, a su vez acompañadas de la precisa ornamentación poética que aporta hermosa musicalidad a las vicisitudes de la narración. El Club Dante y su misión estelar luce pues, como un ejercicio de estilo literario exclusivo por aglutinar los talentos en un orden preciso de intelectualidad al donaire de la creación espontánea de sus autores. Tanto tino reunido, con expeditas intenciones literarias, canaliza una obra excepcional que se degusta sistemáticamente capítulo tras capítulo… en realidad se devora plácidamente. La coordinación de los ingenios poéticos, variados en sus muchas constantes de la inspiración de los versos, entrelazados de prosa los unos e imbuidos de versos la otra, dotan de esencia estilista una narración harto interesante al ritmo musical de las estrofas.Desde Hollywood la protagonista nos pasea por las calles de Figueres después de errar por el cementerio de los poetas en Paris, para adentrarnos en una historia a la que se sumarán personajes emblemáticos de la creación poética integrados en El Club Dante.Barbrasas es actriz, una rutilante estrella ya en vías de consumirse pese al éxito, que busca sus orígenes, acaso de adolescencia, después de probar la hiel de los triunfos a través de su alma esclavizada y que vendió mediante contratos de cine a un representante mefistofélico cuyas ambiciones desposeen de espíritu a cuantos trabajan con él. Huyendo del diablo, con un aborto en las entrañas de su corazón que le duele como fracaso de su voluntad esclavizada, la actriz de películas vampíricas encarnando a Carmilla, inicia un viaje de regreso hacia la sencilla Brenda que fue antes de la vorágine del éxito que acaba desmenuzándola como si nunca hubiese existido en la realidad de sus sencillos sueños.Con ella viajan tres entidades, en una sola, al encuentro de su reconocimiento personal tan enrevesado por las circunstancias de su vida.En Figueres, entre remembranzas de las genialidades dalinianas y el surrealismo de su propia existencia, toma contacto con El Club Dante que integra a los poetas que son los verdaderos precursores de sus recuerdos de inocencia que en esencia ella quiere rescatar a través de los versos que encarga para redescubrirse en sus sentires más aletargados. Serán los poetas lo que acudan a la llamada de auxilio de la actriz, cuando Brenda se vea acosada por el diablo Adolph y sus matones dispuestos a encadenarla a su destino de éxitos pecuniarios en tanto su alma se empobrece hasta la destrucción personal.El amor, la amistad en su excelso empuje de inveterada y arraigada lealtad; la paradoja del éxito de lo mundanal que descubre las miserias de lo intimista en la incompatibilidad de sus ambiciones… unas tan estrambóticas y grandilocuentes, las otras tan sencillas y silenciosas… el peligro de sustraerse a la distracción moral con quienes esperan la entrega total a cambio, aun a costa de la volatilización del ser, son premisas de esta obra que siendo un experimento formal es un resultado eficaz de sobresaliente calado.Brenda reencontrada- la Barbrasas antes extraviada- hallará el amor en un personaje luchador que le mostrará la sencillez de la dinámica natural por la justicia de lo esencial-, en tanto otra historia de amor se generará desde la dulzura y la comprensión que Evale- secretaria del sátrapa Adolph y amiga de la actriz- encontrará en un caballeroso poeta llamado Tor. Las sensibilidades poéticas avalan el contenido incluso mediante el uso de una prosa elegante que concierta plenamente con los versos en esta miscelánea de musicalidad argumental realmente seductora.Los guiños a la literatura fantástica, al mundo del esoterismo y sus influencias sobre las orientaciones del espíritu por el conocimiento de sus arbitrios ancestrales, son deslumbrantes, así como la cadencia de la estructura novelada y las descripciones de Figueres que invitan a conocer aquellos espacios dotados de un realismo mágico tan creíble como la obra imposible de Dalí. No obstante hablamos de artes geniales y este libro abunda en esas disposiciones creativas a través de sus hermosas letras.De justicia es nombrar a los Poetas corales que han hecho posible esta maravillosa orquestación junto a su excelente director: Puri Martins, Noemí Trujillo, Luis Luna, Miguel Bellido Roura, Ana María Rodríguez, Marian Jaén, Dina Luz Pardo Olaya, Rosa Ramós, Rosa María Prat, Mercedes Gil García, Gema Moraleja Paz, Aldo Arcerito, Alberto Villén. Un Club Dante que no sería extraño  verlo embarcado en otra historia de estas maravillosas características literarias.La efectividad de este ensayo de logros literarios, estriba en la aportación poética de colosales sentidores que conforman un espíritu integrador de bella imaginación, creando un alarde de Poesía mayúscula donde el ingenio concita éxito en una empresa magistralmente plena de “prosia”. Siendo la intención ambiciosa… el resultado ha sido superior.

Ignacio Fernández Candela
Escritor-Crítico literario
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Homenaje a Roque Dalton

La Marea adhiere al homenaje al poeta salvadoreño Roque Dalton convocado por el V Festival Internacional de Poesía "Palabra en el Mundo" y la revista Isla Negra.
V Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo Festival integrante de la Red Nuestra América de Festivales Internacionales de Poesía

Convocamos a la realización del “Gesto Poético” en homenaje al poeta salvadoreño Roque Dalton

Porque la absurda muerte que le propinaron estremeció al mundo en 1975.Porque la impunidad que rodea aquel asesinato estremece al mundo hoy.Porque la memoria hace justicia, Gesto Poético propone unir las voces del mundo para que la Justicia eche luz sobre aquellos sucesos, sobre los asesinos de Dalton, y hecha Justicia, la Paz entonces haga Historia.- Reenviar este mensaje (que incluye brevísima biografía, información sobre la situación de la denuncia y dos poesías) a la mayor cantidad de contactos posibles, entre el 19 y el 24 de mayo 2011, con pedido que a su vez quienes lo reciban lo reenvíen. - Organizar lecturas de la poesía de Dalton (que pueden ir acompañadas por actividades interdisciplinarias) en cada ciudad. - Publicar su poesía – y/o este mensaje- en sitios web, periódicos y revistas gráficas, leer en programas de radio, distribuir copias en la calle, etc. para comunicar a la familia del poeta y difundir por diversos medios. El Salvador, 14 de mayo de 1935 - asesinado el 10 de mayo 1975Estudia Derecho y Antropología en las Universidades de El Salvador, Chile y México. Desde muy joven se dedica al periodismo y a la literatura, obteniendo diversos premios nacionales y centroamericanos. Publica sus primeros poemas en la revista Hoja (Amigos de la Cultura, San Salvador, 1956) y en el Diario Latino de la misma ciudad.Por su militancia política, sufre cárceles y destierros. Vive emigrado en Guatemala, México, Cuba, Checoslovaquia, Corea, Vietnam del Norte y otros países. Mía junto a los pájaros (San Salvador, 1957)La Ventana en el rostro (México, 1961)El turno del ofendido (La Habana, 1962)Los Testimonios (La Habana 1964)Poemas (Antología, San Salvador, 1968)Taberna y otros lugares (Premio Casa de las Américas, Cuba) (La Habana 1969)Los pequeños Infiernos (Barcelona 1970).


Ensayos
César Vallejo (La Habana 1963)
El intelectual y la sociedad (1969)
¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha (La Habana 1970)
Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972)
Las historias prohibidas del pulgarcito (México, 1974).

Póstumamente se publica su novela Pobrecito Poeta que era yo (1981) y las obras poéticas: Los Hongos, Un libro levemente odioso (1989) y Contra ataque.«El asesinato de Roque Dalton será esclarecido. Sus asesinos quedarán al descubierto. La verdad descubierta será el castigo para los criminales impunes y para sus encubridores que quieran protegerlos».**  14 de mayo 2010 - En las oficinas de la Fiscalía General de la República, Juan José Dalton y Jorge Dalton, acompañados de la representación legal del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA) interpusieron una denuncia por el crimen de su padre, el poeta Roque Dalton, cometido el 10 de mayo de 1975, ordenado por la máxima dirección del extinto Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Dalton fue asesinado luego de un cuestionado «juicio político» dentro de la otrora dirección del ERP, integrada por Alejando Rivas Mira, de quien se desconoce su paradero; Joaquín Villalobos Huezo, ahora asesor del presidente mexicano Felipe Calderón en la lucha contra el narcotráfico; y Jorge Meléndez (*), director de Protección Civil del Gobierno de Mauricio Funes. Junto a Dalton  fue asesinado otro salvadoreño, Armando Arteaga, conocido como Pancho. Según la familia del poeta, han recabado diversos testimonios donde se evidencia que estos tres dirigentes estuvieron de acuerdo con la ejecución de Roque Dalton y Armando Arteaga. Y fue Rivas Mira, en ese entonces  jefe máximo del ERP, quien ordenó a sus inmediatos subalternos, también al frente de la organización, Joaquín Villalobos, Vladimir Rogel y Jorge Meléndez, ejecutarlos sumariamente.Uno de estos testimonios es del mismo Joaquín Villalobos, quien en una entrevista en 1993 para el periódico mexicano Excélsior, dijo que el asesinato del poeta Dalton «fue un tremendo error». En esa entrevista dio un listado de los que participaron en la decisión colectiva de desaparecer al poeta: Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval, otro de seudónimo Mateo y el mismo Joaquín Villalobos. En el 2009 la familia decidió impulsar diversas demandas dirigidas al Estado salvadoreño para esclarecer el caso. El 4 de mayo 2010, la familia emitió un comunicado donde demandaron el esclarecimiento del caso y evidenciaron la incoherencia del Estado, al querer conmemorar al poeta, cuando dentro del gabinete presidencial se encuentra uno de los principales sospechosos de la muerte del poeta, Jorge Meléndez, director de Protección Civil.  En medio de la polémica, Meléndez, en una entrevista a ContraPunto, dijo no recordar el asesinato de Roque Dalton, sino «un proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros, uno de ellos, Roque Dalton». Además afirmó «yo estuve ahí y yo sé lo que pasó», dijo el funcionario. Dentro del mismo marco del natalicio y el aniversario de la muerte de Roque Dalton, el Gobierno de El Salvador esbozó la posibilidad de hacer un acto in memoriam. Sin embargo, la familia del poeta fue contundente y negó toda posibilidad de apoyar este tipo de actividades: «La familia Dalton decide: No participar, apoyar o avalar acto oficial alguno que, dentro o fuera del territorio nacional, realice el actual gobierno relacionado con la conmemoración del XXXV Aniversario del asesinato de Roque Dalton, o de otra naturaleza ligado a su figura y su obra».Además, vedaron la oportunidad de publicar sus obras o de usar su figura y su nombre por cualquiera de las instancias del actual Gobierno.(Síntesis informativa sobre  artículo escrito por Teresa Andrade, Periodista y poeta. Encargada de especiales  para contrACultura.)(*) Jorge Meléndez fue nombrado por el Presidente Mauricio Funes como Secretario Presidencial para Asuntos de Vulnerabilidad, en el mes de enero 2011. Con ello Meléndez pasa a ser miembro del gabinete de gobierno de Funes.

Por qué escribimos

Uno hece versos y ama
la extraña risa de los niños,
el subsuelo del hombre
que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,
la instauración de la alegría
que profetiza el humo de las fábricas.

Uno tiene en las manos un pequeño país,
horribles fechas,
muertos como cuchillos exigentes,
obispos venenosos,
inmensos jóvenes de pie
sin más edad que la esperanza,
rebeldes panaderas con más poder que un lirio,
sastres como la vida,
páginas, novias,
esporádico pan , hijos enfermos,
abogados traidores
nietos de la sentencia y lo que fueron,
bodas desperdiciadas de impotente varón,
madre, pupilas, puentes,
rotas fotografías y programas.
Uno se va a morir,
mañana,
un año,
un mes sin pétalos dormidos;
disperso va a quedar bajo la tierra
y vendrán nuevos hombres
pidiendo panoramas.
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron,
a quienes maldecir con el recuerdo.
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

En: La Ventana en el rostro.

Pobre lenguaje

Mi país es el mundo pero el mundo
está que jode loco de sordera
funeral agorero como un golpe
una pedrada en vez de desayuno
San Pablo era más héroe que yo
somos antiguos panes vanidosos
peregrinos de una misma torre
supuran ya los tragos que tomé
Amo rebelde de una orquesta de agua suculento
desastre que retoña en las barbas de Dios trueno
capaz de toda palabra menos de la incredulidad.

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Poesía social y revolucionaria del Siglo XX


Editorial Ágora acaba de publicar una segunda edición ampliada del libro Poesía social y revolucionaria del Siglo XX, una selección de más de cien poetas de todo el mundo preparada por Jorge Brega (integrante de la dirección de La Marea).En esta nueva edición se han agregado varios poetas, así como nuevos poemas de los autores incluidos en la primera edición de 2002, agotada ya hace tiempo.Además de la calidad literaria de la selección, el lector encontrará en ella una suerte de panorama de los sucesos sociales y políticos que conmovieron al Siglo XX. Tanto los poemas en sí, como las notas biográficas sobre sus autores, van trazando un recorrido por los principales conflictos del siglo, como las revoluciones proletarias, las guerras mundiales, las de España, Corea o Vietnam, las de liberación anticolonial, así como las luchas populares contra la opresión de clase, de etnia o de género.

En venta en la 38° Feria Internacional del Libro: Distribuidora Catari / Librería RaícesStand 1927 - Pabellón Amarillo, Calle 12Pedidos: editorialagora@yahoo.com.ar
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"LIBRO DE MALICIA". Poeta: ANTONIO ALFECA.



Ediciones LápizCero

La dimensionalidad del ingenio poético A partir de la fusión extradimensional del íntimo regocijo de la comunicación versada, Antonio Alfeca nos convierte en participantes de ese espacio del recuerdo, de la motivación, de la contraposición de las vehemencias que se encuentran en un mismo plano de ternura; del éxtasis de lo cotidiano, de la miscelánea de los conceptos arraigados en el alma y de la abstracción de un mundo muy concreto que se expande en este poemario hermosamente inusitado… tan sorprendente.
La Poesía de Antonio precisa de ingenio desparramado de estética deslumbrante  y se revela conducente de belleza que despierta el simbolismo de las odas para deleite del magín lector. Nos convence el autor de una realidad alternativa, de la posibilidad del infinito, de la premisa cuántica de que somos fusiones de energía con el entorno de la apariencia invisible y consistentes participantes de un designio de ilimitado destino,  en ese carácter ontológico que nos arraiga como sentidores de un abstracto que se concreta y nos incumbe. Libro de Malicia está desprovisto de límites y marca el norte hacia donde encaminar los sutiles designios del sueño como si a él perteneciéramos para guiarlo.Antonio posibilita una fantasía real, originaria de su alma y creíble para nuestra propia imaginación en el apasionamiento de la significación de los sentires universales que él refleja con veraz impronta emocional concebida, a su vez, de una entrañable racionalidad… Y todo por el impulso de genuino amor que dedica a Malicia.       Sorprende  tanto hondo discurrir de espontánea pasión que describe la sencillez de la dedicación al Amor; realmente ingenioso el don que tan excelentemente lo expresa.El virtuosismo de la economía de las palabras, alza el estandarte de personalidad poética que Antonio maneja con sorpresiva sencillez en la compleja matización de los desmenuzados detalles de lo imaginario.Sorpresivo en cada verso, parece existir una realidad paralela al universo de lo cotidiano que nos describe para adentrarnos en una dimensión cosmogónica, tallada con ingrávidos cinceles como escultor de invisibilidades y prístinos imposibles que el ingenio poético nos expande sólidamente… así trasladarnos a una realidad multiplicada de abstracto sentido e identificable.Libro de Malicia  es pues una remembranza de ese vórtice de fantasía consistente que acaso resguarda virgen el discurrir de la infancia que, aun no siendo consciente de la estructura lógica que interpreta el Universo, no deja de alcanzar el infinito en una imaginación ilimitada.     Es así que el adulto irrumpe en esa sensación de que lo imposible es verdadero, trascendiendo con cada verso a un espacio de nadie y de todos, del infante y del experimentado vividor de adultas condiciones para que Antonio nos trascienda donde todo es posible; con el apasionamiento del abstracto que es caricia en la mente de lo real, que se convierte en nuestro por la energía vivificadora del intimismo erotizante, a la par que dulce, sensible e inocente. Toda una inspiración a nuestro alcance virtual que Antonio nos describe con maestra soltura inspirativa.Extenso colofón de un deleite literario comprimido en la sustancia de la integridad poética, son los Poemínimos, como alarde de ingenio extractado de una inspiración rauda y resolutiva; conforman con el conjunto una selecta inversión de contrastes preciosistas a cada cual más productivos en su esencia creadora.Libro para Malicia es un poemario de Amor mayúsculo, allá donde la imaginación alcanza el reflejo dimensional de lo imposible… tal y como se capta a modo paradigmático de las propias letras del autor :“No es mi piel la que arde de continuoes el azogue que se inflama con tu reflejo”.Genialidad condensada en una dedicatoria amorosa cuya naturaleza imaginativa es admirable.
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Materialismo e idealismo en la poética y en el pensamiento político de Percy B. Shelley

Este ensayo es una lectura de las relaciones que hay entre el pensamiento político y estético del poeta romántico inglés Percy Bysshe Shelley. Su análisis se centra en las principales obras teóricas de este autor, pero también intenta establecer algunas relaciones generales con distintos momentos de su producción poética. La lectura desarrolla la contradicción que plantea la conjunción de un materialismo histórico de ascendencia godwiniana y un idealismo político de tradición humanista. En este contexto, propone que el vaso comunicante entre el pensamiento político y estético de Shelley es el presupuesto idealista de una continuidad entre conciencia, voluntad y realidad social, que le permite identifi car su proyecto poético con su política. Por último, entiende esta contradicción dentro de la lógica del socialismo utópico tal y como éste ha sido explicado por Perry Anderson.This essay presents a reading of the relationship between the poetics and political thinking of the English Romantic poet Percy Bysshe Shelley. The analysis centers on his main theoretical works, but also endeavors to establish some general relations to different moments of his poetic production. The reading develops the contradiction that is posed by the conjunction of a historical materialism of Godwinian origin and a political idealism more proper to the humanistic tradition. In this context, this paper proposes that the communicating vessel between  Shelley's political and aesthetic thinking is the idealistic assumption of continuity between conscience, will and social reality, which enables him to identify his poetic project with his politics. The essay concludes by understanding this contradiction within the logic of Utopian socialism, as it has been characterized by the historian Perry Anderson.
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El proceso de retradicionalización cultural en la poesía mapuche actual: Üi de Adriana Paredes Pinda

Las actuales expresiones de arte del pueblo mapuche corresponden a prácticas caracterizadas por su hibridez cultural, las cuales surgen y se explican en la dinámica de las relaciones interculturales asimétricas que este pueblo ha debido mantener con la sociedad chilenaoccidental. En este marco, estas expresiones buscan establecer y visibilizar un arte con identidad propia y diferenciada, implementado para ello diversas estrategias que refuerzan lo propio, entre las que destaca el proceso de retradicionalización cultural que lleva a cabo en todas las instancias de este contacto cultural.Este trabajo específi camente profundiza en el poemario Üi de Adriana Paredes Pinda (LOM, 2005) algunos elementos y mecanismos articulados desde este proceso de retradicionalización cultural, como son los lenguajes y prácticas ancestrales, de saber restringido y vinculados a la dimensión sacralizada y/o ritual de la cultura mapuche tradicional, desde donde este discurso se posiciona como un "discurso de poder".Present cultural manifestations of Mapuche people correspond to asymmetric cross-cultural practices with Western Chilean society. Within this context, Mapuche cultural manifestations aim at establishing an art with a distinct identity by implementing diverse strategies that emphasize the ancient Mapuche tradition. This situation is clearly refl ected in ÜI, a poetic literary work published by Adriana Paredes Pinda (LOM, 2005). Her poetic discourse displays ancestral languages and practices associated with the ritual and sacred tradition, thus reproducing the conditions of a "discourse of power".
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