A Daniel Sada le decían que era “un escritor barroco” porque utilizaba palabras y fases “difíciles de entender.” Pero él aseguraba que sólo tenía un oído muy atento a las conversaciones de la gente. Un día le escuchó decir a una viejecita: “porque parce mentira, la verdad nunca se sabe.” Y dedicó seis años de su vida a escribir una novela de más de 600 páginas y 90 personajes bajo ese título. El colombiano Álvaro Mutis consideró que en ese libro había “un narrador profundamente cercano a la esencia del hombre” y la mexicana Elena Poniatowska comparó su estilo con Góngora y Quevedo., que ahora publica la editorial Anagrama. Se trata de la historia de la familia Montaño, habitantes de un pueblo llamado San Gregorio, sumido en la violencia del narcotráfico. Después de varios intentos fallidos para entrar a Estados Unidos como un inmigrante irregular, Valente y sus hijos montan una pizzería “en un mundo de tortillas de maíz.” Entorno al negocio, los capos de la droga, los caciques y la violencia nos revelarán la vida en el México norteño actual.
“Yo no invento palabras. Las oigo o, en todo caso, las deformo. Soy un explorador del lenguaje”, decía Sada, siempre al acecho del hallazgo verbal. Poco antes de morir (el 18 de noviembre de 2011) logró terminar El lenguaje del juego
(…)
Pese a su “vanguardista estilo”, no pasaba de ser “un escritor local”. El chileno Roberto Bolaño dijo que Sada tenía “una de las obras más ambiciosas de nuestro español, comparable únicamente con la de Lezama Lima. Aunque, como sabemos, el barroco de Lezama es del trópico y el de Sada sucede en el desierto”. En 2008 obtuvo el Premio Herralde de Novela por Casi nunca
y entonces la crítica y los lectores comenzaron a volcarse sobre él.
Dice el crítico mexicano Armando Alanís que “tal vez resulte un poco difícil para el lector español adentrarse en el lenguaje colorido y tumultuoso de Sada, en su peculiar sintaxis, en sus desiertos pletóricos de palabras. Pero vale la pena el esfuerzo. El lector español tendrá así acceso a un mundo tragicómico, a unos personajes que sufren y gozan, y a una imaginación sin límites.”
Ver artículo original



